Archive for September, 2001

La Garra 0

Esta es otra historia que me recomendó mi maestro de filosofía, depsués de hacernos leer Una Niña Perversa. Ambas tienen el mismo estilo.

Monkey’s PawAfuera la noche era fría y lluviosa, pero en la pequeña sala habían corrido las cortinas y el fuego ardía en la chimenea. Padre e hijo jugaban al ajedrez, y el primero tenia del juego ideas muy especiales sobre los cambios radicales: Exponía su rey a peligros innecesarios que provocaban comentarios a la anciana de pelo canoso que tejía placidamente al calor del hogar.

-Escuchen el viento.- Dijo el señor White, que habiendo cometido un error fatal cuando ya era muy tarde para corregirlo, deseaba impedir, muy amablemente, que su hijo se diera cuenta.

-Lo estoy escuchando.- Dijo este último, sin dejar de mirar el tablero, mientras alargaba una mano. -Jaque.
-Me cuesta trabajo creer que venga esta noche.- Dijo el padre, con una mano suspendida sobre el tablero.
-Mate.- Contestó el hijo.
-Es lo malo de vivir tan lejos.- Se quejó el señor White con repentina brusquedad. –De todos los lugares salvajes, sucios y deprimentes, este es el peor. El camino está siempre enlodado, y la carretera es un torrente. No se que piensa la gente. Como solo hay 2 casas por el rumbo, nadie se preocupa por nosotros.
-No te enojes querido,- Dijo su mujer consolándolo. –Tal vez ganes el próximo juego.

El señor White levanta la cabeza, justo a tiempo para sorprender una mirada de complicidad entre madre e hijo. Las palabras murieron en sus labios, y ocultó una sonrisa culpable detrás de su barba gris.
-¡Ahí está!- Dijo Herbert White cuando se abrió la puerta del Jardín. Y resonaron unos pasos ruidosos y pesados.

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Una Niña Perversa 1

Que increíble no? Mi maestro de filosofía me tronó, creo que no le caía bien. Y decir que ‘me tronó’ no es exagerar. El estaba muy enterado que yo soy malo para los acentos, y que un examen final de filosofía sea 90% ortografía y 10% contenido, deja mucho que desear. Al final tuve que llevarla en verano y solo el la daba. Creo que hicimos las paces y aprendí mucho de él a final de cuentas. Me mostró esta de tantas historias, incluso instigo mi curiosidad de leer un poco mas. Esta buenísima esta historia, espero les guste.

PD. Este texto fué revisado por MS Office 2000, para evitarme mas problemas…

Esta tarde empujé a Arturo a la fuente. Cayó en ella y se puso a hacer gluglú con la boca, pero también gritaba y fue oído. Papá y mamá llegaron corriendo. Mamá lloraba porque creía que Arturo se había ahogado. Pero no era así. Ha venido el doctor. Arturo está ahora muy bien. Ha pedido pastel de mermelada y mamá se lo ha dado. Sin embargo, eran las siete, casi hora de acostarse, cuando pidió pastel, y a pesar de eso mamá se lo dio. Arturo estaba muy contento y orgulloso. Todo el mundo le hacía preguntas. Mamá le preguntó cómo había podido caerse, si se había resbalado, y Arturo ha dicho que sí, que se tropezó. Es gentil que haya dicho eso, pero yo sigo detestándolo y volveré a hacerlo en la primera ocasión.

Por lo demás. si no ha dicho que lo empujé yo, quizá sea sencillamente porque sabe muy bien que a mamá le horrorizan las delaciones. El otro día, cuando le apreté el cuello con la cuerda de saltar y se fue a quejar con ammá iciendo: “Elena me ha hecho esto”, mamá le ha dado una terrible palmada y le ha dicho: “¡No vuelvas a hacer una cosa así!” Y cuando llegó papá ella se lo ha contado y papá también se puso furioso. Arturo se quedó sin postre. Por eso comprendió, y esta vez, como no ha dicho nada, le han dado pastel de mermelada. Me gusta enormemente el pastel de mermelada: se lo he pedido a mamá yo también, tre veces, pero ella ha puesto cara de no oirme. ¿Sospechará que yo fui la que empujó a Arturo?

Antes, yo era buena con Arturo, porque mamá y papá me festejaban tanto como a él. Cuando él tenía un auto nuevo, yo tenía una muñeca, y no le hubieran dado pastel sin darme a mí. Pero desde hace un mes, papá y mamá han cambiado completamente conmigo. Todo es para Arturo. A cada momento le hacen regalos. Con esto no mejora su carácter. Siempre ha sido un poco caprichoso, pero ahora es detestable. Sin parar está pidiendo esto y lo otro. Y mamá cede casi siempre. A decir verdad, creo que en todo un mes solo lo han regañado el día de la cuerda de saltar, y lo raro es que esta vez no era culpa suya.

Me pregunto por qué papá y mamá, que me querían tanto, han dejado de repente de interesarse en mí. Parece que ya no soy su niñita. Cuando beso a mamá, ella no sonríe. Papá tampoco. Cuando van a pasear, voy con ellos, pero continúan desinteresándose de mí. Puedo jugar junto a la fuente lo que quiera. Les da igual. Sólo Arturo es gentil conmigo de cuando en cuando, pero a veces se niega a jugar conmigo. Le pregunté el otro día por qué mamá se había vuelto así conmigo. Yo no quería hablarle del asunto, pero no pude evitarlo. Me ha mirado desde arriba, con ese aire burlón que toma adrede para hacerme rabiar, y me ha dicho que era porque mamá no quiere oir hablar de mí. Le dije que no era verdad. Él me dijo que sí, que había oído a mamá decirle eso a papá y que le ha dicho: “No quiero oír hablar nunca de ella.” Ese fue el día que le apreté el cuello con la cuerda. Después de eso, yo estaba tan furiosa, a pesar de la palamada que él había recibido, que fui a su recámara y le dije que lo mataría.

Esta tarde me ha dicho que mamá, papá y él iban a ir al mar, y que yo no iría. Se rió y me hizo muecas. Entonces lo empujé a la fuente.

Ahora duerme y papá y mamá también. Dentro de un momento iré a su recámara y esta vez no tendrá tiempo de gritar, tengo la cuerda de saltar en las manos. Él la olvidó en el jardín y yo la tomé.

Con esto, se verán obligados a ir al mar sin él. Y luego me iré a acostar sola, al fondo de ese maldito jardín, en esa horrible caja blanca en la que me obligan a dormir desde hace un mes.


-Jeanne Jean-Charles-